"- Ser docente es difícil:
Porque, inmerso en la cultura neoliberal donde prevalecen el
individualismo, la competitividad, el eficientismo, la privatización,
el imperio del mercado y el olvido de los desfavorecidos, el docente se
dedica a cultivar la solidaridad, el saber, el respeto, la dignidad y
la compasión con los más débiles.
Porque trabaja en contextos adversos proponiendo modelos por la vía de la argumentación que otros combaten con modelos presentados por la vía de la seducción.
Porque desarrolla una tarea de enorme dificultad como es hacer amar el conocimiento en una sociedad obsesionada con el dinero, el poder, el placer y la fama.
Porque la presión social es cada día mayor, esperándose de él y exigiéndole incluso, que responda a todas las necesidades de formación: la paz, el consumo, la imagen, la seguridad vial, la convivencia, el medio ambiente, los valores… Con escasa formación, por menor sueldo y con peores condiciones.
Porque frente a especuladores, demagogos, mercaderes y tiranos, el docente está del lado de la verdad, del amor y de la libertad.
Porque su tarea es cada día más difícil ya que los alumnos y alumnas tienen distractores muy potentes en los medios de comunicación, en internet, en la calle, en la discoteca, en las drogas, en el alcohol, en la delincuencia…
Porque a veces tiene que tratar de enseñar a quienes de ninguna manera desean aprender ni dejar, a toda costa, que otros aprendan.
Porque algunas familias entienden que el deber de los docentes es hacer toda la tarea que ellas no pueden, o no saben, o no quieren hacer en las casas.
Porque algunos padres y madres han perdido el rumbo y se han convertido en jueces, policías, espías o verdugos de los docentes.
- Ser docente es complejo:
Porque su tarea es enormemente paradójica, ya que consiste en ayudar
a que otros aprendan por sí mismos a pensar y a convivir. De que sean
aprendices crónicos y autónomos. Dice Holderlin que los educadores
forman a sus educandos como los océanos forman a los continentes:
retirándose.
Porque en la sociedad de la información, en la que todo el mundo sabe que quien tiene información tiene poder, él y ella se dedican a compartir generosamente el conocimiento que poseen.
Porque para realizar esa compleja y sublime misión, la más delicada que se le ha encomendado al ser humano en la historia, recibe una preparación breve, retórica, y masificada.
Porque trabaja en instituciones cada día más complejas en las que existe disputa ideológica, presión social, regulación asfixiante y espacios incongruentes. “Los profesores son personas encantadoras que trabajan en lugares horribles”, dice Popkewitz.
Porque su excelsa profesión no está suficientemente valorada por los agentes sociales y por la ciudadanía en general. “Aquí el que sabe hace y el que no sabe enseña”, decía Bernard Show.
Escribe Manuel Rivas: “Ser enseñante no solamente requiere una
cualificación académica. Un buen profesor o maestro tiene que tener el
carisma del Presidente del Gobierno, lo que ciertamente está a su
alcance; la autoridad de un conserje, lo que ya resulta más difícil y
las habilidades combinadas de un psicólogo, un payaso, un disc jockey,
un pinche de cocina, un puericultor, un maestro budista y un comandante
de la Kfor. Conozco a una profesora que sólo desarmó a sus alumnos
cuando demostró tener unos conocimientos futbolísticos inusuales, lo que
le permitió abordar con éxito la evolución de las especies”.
Porque cada curso van sumando un año mientras sus alumnos y alumnas se mantienen en la misma edad que siempre han tenido, debiendo superar desajustes generacionales problemáticos.
Porque cada año, después de aprender a querer a sus alumnos y a ser querido por ellos, debe separarse de todos para empezar de nuevo el proceso de la conquista afectiva de otro grupo diferente.
Porque los conocimientos se multiplican vertiginosamente y él tiene el deber de estar al día o, incluso, en el día de mañana.
Porque, en otros oficios, el mejor profesional es el que mejor manipula los materiales con los que trabaja, pero en la docencia es el que más y mejor los libera.
No sé lo que sería del mundo sin esta legión de trabajadores y
trabajadoras del saber y de la bondad. Para ellos y ellas mi respeto,
mi admiración y mi afecto".
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